Mucho se ha hablado estos días sobre un pretendido impuesto a la renta financiera. Muchos son los candidatos y figuras de gobierno que lo patrocinan, proclamando sus bondades. Entre los argumentos que típicamente se constituyen en su respaldo, al menos en boca de diferentes personajes de la política argentina, se dice que “es una nueva herramienta, que promete atacar la creciente inequidad social: “Quitándoles a los que más tienen, para distribuir entre los más pobres”. Aquí, claro está, nuestro estado nacional -o mejor aún, el político que en el presente turno lo representa- se ha asignado a si mismo el papel de Robin Hood. Los villanos feudales, serían las “grandes corporaciones” que anidan en la bolsa de comercio.

Renta financiera
Allí se encuentran los despiadados e insensibles capitalistas (según nos explican) ávidos de dinero y poder, cuya codicia es la única responsable de que el pan de cada día no pueda abrirse camino hacia las mesas de la gente pobre.
Hermoso cuento, que alimenta nuestras mentes de profundos valores y nos llena del más cándido respeto para con nuestros altruistas políticos de hoy. Lo lamentable es que nuestros paternales políticos, por lo general, sólo reciben dos tipos de instrucción, en su carrera de preparación para el escenario social. Nadie puede negar (como todos sabemos) que son versados en el arte de hablar (léase convencer) y en el de la acumulación de riqueza personal. La mentira, la obsecuencia y la ignorancia son sus más eficaces herramientas. Las grandes corporaciones, sus más fieles aliados.
Entonces, ¿Cómo resolver la paradoja? ¿Cuál es el verdadero rostro de nuestros persistentes gobernadores? Para debatir sobre esta cuestión, se me ocurrió que existe una circunstancia actual que ejemplifica el accionar típico de esta clase de personajes. El impuesto a la renta financiera.
La mayoría de las personas de nuestra poco instruida sociedad, asocia las ideas de maldad y codicia con los denominados “grandes centros financieros”. Pero, ¿donde están estos gigantes? ¿Acaso toman por albergue nuestro humilde mercado de valores? ¿Viven en las grandes ciudades, en lo más alto de los alpinos rescacielos?
Debemos entender una cosa simple. Cuando se escriben las leyes económicas, jamás existe inciso alguno que distinga grandes de pequeños. De forma tal que, al menos en teoría, cuando nuestro amigo legislador dicta las reglas, auna el destino de la gran corporación con el de la pequeña empresa de barrio. Los hados de tan dispares actores, quedan fundidos en una única senda, para marchar por siempre al unísono.

Politicos de hoy
Sin embargo, esto no es más que la pretendida intención del señor de leyes. La realidad vuelve a tener aquí un matiz particular, que no sorprende al ciudadano despierto. Cuando una gran corporación anuncia su “voluntad sincera” de instalarse en alguna región en particular, queda dispuesta a escuchar ofertas de los representantes políticos de la zona. Nuestros hombres de gobierno, se apuran en rifar las leyes. Ahora si, aparecen ordenanzas y disposiciones que permiten insertar nombres propios en los códigos legislativos. La gran corporación, escucha la mejor oferta de paquete de exenciones impositivas, y decide la suerte que más le conviene para su asentamiento. ¿El resultado? La ley pensada para grandes, que también incluye a los pequeños, en la práctica sólo es vigente para los pequeños. Mecanismo injusto si los hay.
De acuerdo con lo anterior, si los razonamientos anteriores son correctos, los tributos economicos mencionados valdrán sólo para pequeñas empresas. De todos modos, analicemos la ley en cuestión, rápidamente.
¿Cuales son mis razones para decir que, más allá de el mecanismo salvaje por el cual las leyes económicas son puestas en práctica en Argentina, un impuesto a la renta financiera no le conviene a nuestro país?
Primero, lo primero. Durante la mayor parte del 2009 (entre enero y noviembre) hemos sufrido el desangre de la fuga de capitales. ¿Que signifia esto? Que la riqueza generada en nuestro país de pronto decidió mudarse a otras fronteras, temerosa de la falta de reglas claras en nuestro escenario económico nacional. Se realiza a través de nuestro sistema financiero, porque éste es la última puerta que debe trasvasar el dinero para salir de nuestro anémico país. La fuga de capitales es un vaciamiento económico, que tarde o temprano repercute negativamente en la producción, y por ende en el empleo. Es lo contrario a la inversión. Pero éstos son sus conocidos efectos de largo plazo. ¿Cuáles son las consecuencias inmediatas? Al planificar la una mudanza de cierto capital económico, el primer paso es convertirlo a dolares, a través de la compra de activos financieros nominados en dólares. Éstos activos son liquidados en el exterior. El resultado neto inmediato es una menor cantidad de dólares en el país, lo cual afecta la valuación del dolar en nuestro territorio en seguido, por la archiconocida ley de oferta y demanda. El dólar se fortalece, acrecentando el debilitamiento de nuestra moneda a través de su devaluación. En resúmen, tenemos un mecanismo inverso al de la inversión que en el corto plazo acrecienta la devaluación del peso y a largo plazo destruye el empleo y la producción. La fuga de capitales nos empobrece como país.
Hacia medidados de noviembre del 2009, se produjo un fenómeno externo importante, por razones que más adelante explicaré. Su concecuencia fue un cambio de tendencia en el flujo de dolares a través de nuestra frontera financiera, dejándonos un pequeño saldo positivo. El dinero del exterior empezó a volver (aunque en mucha menor proporción a la forma en la que se estaba yendo). La consecuencia inmediata, nuevamente por ley de oferta y demanda, es el debilitamiento del dolar frente al peso, debido al ingreso de divisas neto. Lo vivimos durante diciembre del 2009, mes en el cual la cotización del dolar bajó un poco en Argentina. ¿Por donde entraron estos dolares? Naturalmente, por el sistema financiero. ¿Que es lo que querría un buen político interesado en el bienestar a largo plazo, y no sólo en el período durante el cual está en vigencia su mandato? Debería tratar de conseguir que toda nuestra riqueza fugada durante 2009, vuelva a radicarse en la Argentina, y que nunca más vuelva a irse. ¿Cual es la mejor forma de impedir que esto suceda? El impuesto a la renta financiera. ¿Porque? El dinero salió gratuitamente de nuestro país, pero ahora (suponiendo que el impuesto está vigente) debe pagar para volver a ingresar. Por ende, el impuesto le trava la puerta de regreso a la riqueza fugada, impidiéndole que nuestro país recuperarla.

Brasil
Ahora bien. ¿Que hay de Brasil? A mediados de 2009, este país fronterizo puso en vigencia un impuesto a la renta financiera, tal como algunos políticos argentinos quieren hacer aquí. ¿Es lo mismo ese tributo en Brasil que en Argentina? No. De hecho, la realidad de Brasil, es la opuesta a la de Argentina. Mientras aquí vivíamos la fuga de capitales, Brasil vivía lo opuesto: un fuerte ingreso de inversiones a través de su sistema financiero. Por ello durante 2009 la moneda de Brasil, el real, se revaluó un 30% frente al dolar.
¿De donde provenía este fuerte flujo de inversiones hacia nuestro país vecino? Aquí llegó el turno de explicar el suceso externo al cuál dije que me referiría. Para atender los graves desequilibrios financieros que azotaron al país gigante del norte, y que se extendió en forma de colapso en las bolsas de comercio de todo el mundo, el gobierno norteamericano aseguró inyecciones de dolares por billones, en lo que se denominaron “blindajes” al sector financiero. Por su parte, la reserva federal (FED) de ese país llevó las tasas de interés a valores próximos a cero, generando tasas reales negativas de crédito (al compararlas con el resto de los activos financieros). La consecuencia de ambas políticas llevadas a cabo de forma conjunta es el aumento de la cantidad de dolares en circulación en el mundo, debilitando la divisa norteamericana frente a las del resto del mundo. Un ejemplo de ello es Brasil donde, como dije, el dolar se debilitó un 30%. Una apreciación tan grande y tan rápida de la moneda local suele traer aparejado un debilitamiento en la competitividad del sector industrial del país, por lo que nuestros vecinos brasileros decidieron poner un impuesto a la renta financiera para frenar el ingreso de dolares a su país. De más está mencionar que la medida tomada fue todo un éxito.
Ahora bien, en un país como el nuestro, donde el dólar no cedió durante 2009 pese a su debilitamiento en el resto del mundo, el impuesto a la renta financiera sólo logrará aumentar la devaluación de nuestra moneda, lo que finalmente se trasladará en inflación creciente, por si la inflación que tenemos al día de hoy fuera poca (estimada en un 25% en términos interanuales).
Dios salve a la Argentina.