Petrarca – Verdelot – Mignaco

Francesco Petrarca

Francesco Petrarca

Ya he comentado antes lo asombroso que resulta escuchar y ver a Valeria Mignaco en sus interpretaciones de la música medieval y renacentista. Es inmediato, en tal caso, reconocerse como una sombra espectral, que desde las oscuridades de alguna caverna platónica divisa la luz al descubrir y admirar una belleza que sólo es propia de un mundo celestial. No pude resistir la tentación de hacer un comentario sobre otra de las piezas musicales interpretadas por Valeria Mignaco y Alfonso Marin. Se trata de un poema de Petrarca al que Phillippe Verdelot puso música. Lamentablemente no tenemos un video en el que pueda también apreciarse visualmente el encanto de la interpretación del dúo, pero por suerte desde la página oficial se puede escuchar un fragmento:

http://www.lutevoice.com/quando_amor_begli_occhi_hi.html

El texto de Petrarca es exquisito, y el resultado de la combinación entre la música de Verdelot y la interpretación de Valeria deja sin palabras… Es un resultado excelso que intenta desbordar nuestra contemplación hacia las regiones más puras e inmaculadas del alma humana.

Para que pueda apreciarse el texto de Petrarca, he aquí la versión original y su traducción al castellano:

Sonetto V – Petrarca
Cuando Amor su mirada al suelo inclina
y el bello aliento en un suspiro acoge
con las manos, y en voz después lo escoge
clara, süave, angélica, divina,

siento en el corazón que se confina
y tanto dentro de él me sobrecoge,
que pienso que hoy de vida lo despoje,
si el cielo a honesta muerte me destina.

Pero el son dulce que el sentido imana
por el deseo que escuchar provoca,
el alma en la partida presto frena.

Así vivo y así suelta y devana
el hilo de la vida que me toca,
esta del cielo aquí sola sirena.

Quando Amor i begli occhi a terra inchina,
E i vaghi spirti in un sospiro accoglie
Con le sue mani, e poi in voce gli scioglie
Chiara, soave, angelica, divina;

Sento far del mio cor dolce rapina,
E sì dentro cangiar pensieri e voglie,
Ch’ i’ dico: Or fien di me l’ ultime spoglie,
Se ‘l Ciel sì onesta morte mi destina:

Ma ‘l suon, che di dolcezza i sensi lega,
Col gran desir d’ udendo esser beata,
L’ anima, al dipartir presta, raffrena.

Così mi vivo; e così avvolge, e spiega
Lo stame della vita, che m’ è data,
Questa sola fra noi del ciel Sirena.

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